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Nutrición y prevención de enfermedades crónicas: del conocimiento a la práctica

Las enfermedades no transmisibles representan uno de los principales desafíos para la salud pública. En 2021, al menos 43 millones de personas murieron por estas enfermedades en el mundo; las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes concentran una parte importante de esta carga. Entre los factores de riesgo modificables se encuentran la alimentación poco saludable y la inactividad física. (OMS, 2025).

Ante este panorama, la nutrición ocupa un lugar importante en la prevención. Sin embargo, hablar de prevención no significa simplemente recomendar “comer mejor”. El trabajo del profesional de la nutrición implica comprender los factores que influyen en la alimentación, evaluar las necesidades de cada persona y diseñar estrategias que puedan incorporarse de manera realista a su vida cotidiana.

Prevenir antes de que aparezca la enfermedad

Muchas enfermedades crónicas se desarrollan durante años y están relacionadas con la interacción de factores genéticos, metabólicos, ambientales y conductuales. La alimentación es uno de ellos, pero no actúa de manera aislada.

Una alimentación adecuada a lo largo de la vida contribuye a prevenir diferentes enfermedades no transmisibles, entre ellas diabetes, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer. La OMS señala que una alimentación saludable debe basarse en principios como adecuación, equilibrio, moderación y diversidad, aunque su composición concreta debe adaptarse a las características individuales, culturales y al contexto en el que vive cada persona. (OMS, 2026).

Esto es importante porque la prevención nutricional no puede reducirse a una lista universal de alimentos permitidos y prohibidos. Las necesidades de una persona físicamente activa no son necesariamente las mismas que las de una persona sedentaria; tampoco son iguales las necesidades de un adulto joven, una persona mayor o alguien que presenta factores de riesgo metabólico.

El reto consiste en pasar de recomendaciones generales a intervenciones que tengan sentido para cada individuo.

Del consejo general a la intervención profesional

La evidencia disponible muestra que la intervención nutricional puede contribuir a mejorar diferentes resultados de salud.

Un documento de posición de la Academy of Nutrition and Dietetics publicado en 2026 analizó 25 revisiones sistemáticas y encontró evidencia de moderada o alta certeza de que la terapia nutricional médica puede mejorar diversos resultados en personas con prediabetes, diabetes tipo 1 y tipo 2, obesidad, hipertensión, dislipidemias, enfermedad renal crónica y otras condiciones. Los autores destacan que las intervenciones son más relevantes cuando se realizan de manera individualizada, centrada en la persona y basada en evidencia (Moloney et al., 2026).

Estos resultados permiten entender algo fundamental: la intervención nutricional no consiste solamente en entregar información. El profesional necesita realizar una evaluación, identificar problemas y prioridades, establecer objetivos, diseñar estrategias y dar seguimiento a los cambios. También debe evaluar si las recomendaciones funcionan y modificarlas cuando sea necesario. La prevención, por tanto, es un proceso y no una consulta aislada.

La alimentación como parte de un conjunto de factores

Uno de los retos de la prevención es evitar explicaciones demasiado simples. Una enfermedad crónica no suele tener una sola causa y tampoco puede prevenirse mediante un único alimento o nutrimento. La alimentación interactúa con actividad física, sueño, consumo de tabaco y alcohol, condiciones socioeconómicas, ambiente, acceso a servicios de salud y otros factores.

La propia OMS reconoce que los determinantes sociales, comerciales y ambientales influyen en los comportamientos relacionados con las enfermedades no transmisibles. Por ello, promover una alimentación saludable requiere también considerar si las personas tienen acceso físico y económico a alimentos adecuados y cuáles son las condiciones en las que toman sus decisiones alimentarias (OMS, 2026).

Para el profesional de la nutrición, esto implica evitar culpabilizar a las personas por sus elecciones. Una recomendación puede ser científicamente correcta y, al mismo tiempo, difícil de llevar a la práctica si no considera presupuesto, horarios, disponibilidad de alimentos, habilidades culinarias, preferencias o contexto familiar.

La intervención nutricional debe partir de la evidencia, pero también del conocimiento de la persona.

No existe una sola alimentación preventiva

La evidencia sobre patrones alimentarios permite identificar características que se relacionan con mejores resultados de salud, pero esto no significa que exista una única dieta preventiva.

La OMS señala que una alimentación saludable puede adoptar diferentes formas y que debe adaptarse a las necesidades individuales, la cultura y los alimentos disponibles localmente. Entre sus principios se encuentran una amplia variedad de alimentos, frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y fuentes adecuadas de proteína, así como moderar el consumo de sodio, azúcares libres y grasas no saludables.

La investigación reciente continúa explorando la relación entre diferentes patrones alimentarios y el riesgo cardiometabólico. Por ejemplo, una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 evaluó la evidencia sobre la alimentación mediterránea y la prevención primaria de enfermedades cardiometabólicas, mientras que otros trabajos han estudiado su relación con personas que ya presentan enfermedades metabólicas.

Estos resultados pueden orientar la práctica, pero no convierten a un patrón alimentario en una prescripción universal. El profesional debe interpretar la evidencia y determinar cómo puede aplicarse a cada persona.

El papel del profesional de la nutrición

La prevención de enfermedades crónicas representa una oportunidad para fortalecer el papel del profesional de la nutrición dentro de los equipos de salud.

Su trabajo puede desarrollarse en diferentes escenarios: atención individual, hospitales, clínicas, escuelas, empresas, instituciones públicas, programas comunitarios e investigación. En todos ellos, la intervención puede contribuir a identificar factores de riesgo, promover hábitos saludables y acompañar cambios sostenibles.

Pero para desempeñar esta función se requieren competencias que van más allá del conocimiento de nutrimentos. El profesional necesita interpretar evidencia científica, establecer objetivos, comunicarse eficazmente, trabajar con otros profesionales y comprender las condiciones sociales y culturales que influyen en la alimentación.

También necesita reconocer los límites de su intervención. La prevención no garantiza que una persona nunca desarrollará una enfermedad. Su propósito es reducir riesgos y favorecer mejores condiciones de salud, considerando la evidencia disponible y las características de cada población o individuo.

De la recomendación al acompañamiento

Uno de los cambios más importantes en la práctica nutricional consiste en pasar de decirle a una persona qué debe hacer a acompañarla en el proceso de cambio.

Una recomendación puede ser sencilla: aumentar el consumo de verduras, reducir el sodio, mejorar la calidad de las grasas o incorporar actividad física. Lo complejo es identificar qué obstáculos existen para lograrlo y encontrar estrategias que puedan mantenerse en el tiempo.

Por ello, la prevención requiere seguimiento. Los objetivos pueden necesitar ajustes y las circunstancias de una persona pueden cambiar.

El profesional de la nutrición no solamente proporciona información; acompaña procesos de toma de decisiones y cambio de comportamiento.

La prevención de las enfermedades crónicas es uno de los campos en los que la nutrición puede tener un impacto importante. Sin embargo, su alcance depende de la capacidad para transformar la evidencia científica en intervenciones pertinentes, individualizadas y sostenibles.

La alimentación saludable no tiene una única forma. Sus características generales están bien establecidas, pero su aplicación debe considerar las necesidades, preferencias, cultura y circunstancias de cada persona.

Para los futuros profesionales de la nutrición, el desafío consiste en desarrollar una práctica que combine conocimiento científico, pensamiento crítico y capacidad de acompañamiento.

Prevenir no significa simplemente decir qué comer. Significa comprender el contexto, identificar oportunidades de cambio y utilizar la evidencia para ayudar a las personas a construir decisiones alimentarias que puedan sostener a lo largo de su vida.

Referencias

Moloney, L., Rozga, M., Steiber, A., & Handu, D. (2026). The effectiveness of medical nutrition therapy in prevention and treatment of chronic disease: A position paper of the Academy of Nutrition and Dietetics. Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics, 126(2), 156219. https://www.jandonline.org/article/S2212-2672(25)00801-9/fulltext

Organización Mundial de la Salud. (2025). Noncommunicable diseases. https://www.who.int/en/news-room/fact-sheets/detail/noncommunicable-diseases

Organización Mundial de la Salud. (2026). Alimentación saludable. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/healthy-diet

World Health Organization, & Food and Agriculture Organization of the United Nations. (2024). What are healthy diets? Joint statement by the Food and Agriculture Organization of the United Nations and the World Health Organization. https://www.who.int/publications/i/item/9789240101876