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Investigación y práctica basada en evidencia: una competencia esencial del nutriólogo

Vivimos en una época en la que la cantidad de información científica disponible crece a una velocidad extraordinaria. Cada día se publican nuevos estudios sobre alimentación, nutrición, enfermedades crónicas, suplementos, composición corporal y salud pública. Para el profesional de la nutrición, tener acceso a esta información representa una enorme oportunidad, pero también un desafío.

No todo lo que se publica tiene la misma calidad, ni todos los resultados de una investigación pueden aplicarse directamente a cualquier persona.

Por ello, la formación del nutriólogo requiere algo más que aprender a buscar artículos científicos. Es necesario desarrollar la capacidad de formular preguntas, localizar y evaluar evidencia, interpretar sus resultados y utilizarla de manera responsable en la toma de decisiones profesionales. Esta es la esencia de la práctica basada en evidencia.

¿Qué significa realmente trabajar con evidencia?

La práctica basada en evidencia puede entenderse como la integración de tres elementos: la mejor evidencia científica disponible, la experiencia y el juicio profesional, y las características, valores y circunstancias de la persona.

Esto significa que la evidencia científica es indispensable, pero no funciona de manera aislada.

Por ejemplo, un estudio puede demostrar que una determinada intervención produce beneficios en un grupo de personas. Sin embargo, antes de trasladar ese resultado a la práctica, el profesional debe preguntarse si la población estudiada es comparable con la persona que tiene frente a sí, si la intervención es viable en su contexto y si sus preferencias y circunstancias permiten llevarla a cabo. La evidencia orienta la decisión; no sustituye el juicio profesional.

Buscar información no es lo mismo que evaluar evidencia.

Una de las primeras habilidades que necesita desarrollar el profesional es saber formular preguntas que puedan responderse mediante la literatura científica.

Una pregunta bien planteada facilita la búsqueda de información relevante y evita depender de búsquedas generales en internet.

Sin embargo, encontrar un artículo tampoco significa que su contenido deba aceptarse automáticamente.

Es necesario analizar aspectos como:

  • ¿Qué pregunta intentó responder la investigación?
  • ¿Cómo se realizó el estudio?
  • ¿Quiénes participaron?
  • ¿Cuál fue la intervención o exposición?
  • ¿Con qué se comparó?
  • ¿Qué resultados se observaron?
  • ¿Qué tan grande fue el efecto?
  • ¿Qué tan confiable es la evidencia?
  • ¿Los resultados pueden aplicarse a la persona o población con la que estamos trabajando?

Estas preguntas forman parte del pensamiento crítico que permite pasar de la simple lectura de información a una verdadera evaluación de la evidencia.

No todos los estudios responden las mismas preguntas

Otro aspecto fundamental es comprender que diferentes diseños de investigación permiten responder diferentes preguntas.

Un ensayo clínico puede ser especialmente útil para estudiar los efectos de una intervención bajo determinadas condiciones. Un estudio de cohorte puede ayudar a explorar asociaciones entre exposiciones y resultados a lo largo del tiempo. Los estudios cualitativos pueden aportar información valiosa sobre experiencias, percepciones y barreras relacionadas con la alimentación.

Por ello, no se trata de buscar siempre "el estudio más fuerte", sino de identificar qué tipo de evidencia es apropiada para la pregunta que queremos responder.

También es importante reconocer que un estudio individual representa una pieza del conocimiento disponible. Las revisiones sistemáticas y los metaanálisis pueden integrar los resultados de múltiples investigaciones y ofrecer una visión más amplia, aunque su calidad también depende de los estudios que incluyen y de los métodos utilizados.

Por todo lo anterior, es de suma importancia aprender a interpretar estas diferencias lo cual constituye una competencia fundamental a desarrollar para el profesional de la nutrición.

La importancia de mirar más allá del resultado

Uno de los riesgos de la comunicación científica consiste en concentrarse exclusivamente en si un resultado fue "estadísticamente significativo". Pero significación estadística y relevancia clínica no son necesariamente lo mismo.

Un resultado puede ser estadísticamente significativo y representar un cambio pequeño que tenga poca importancia en la práctica. Por el contrario, un resultado que no alcance significación estadística puede aportar información relevante, particularmente cuando el tamaño de la muestra o la precisión de las estimaciones son limitados.

Por ello, el profesional necesita desarrollar habilidades para interpretar tamaño del efecto, intervalos de confianza y certeza de la evidencia, entre otros elementos.

Una revisión sistemática publicada en 2024 sobre las competencias de práctica basada en evidencia en profesionales y estudiantes de nutrición encontró precisamente que estas áreas se encuentran entre las menos evaluadas en la literatura disponible. Los autores concluyeron que es necesario fortalecer y estandarizar estas competencias en los programas de formación en nutrición y dietética (Ghosh, 2024).

La evidencia no elimina la individualidad

Una de las ideas más importantes de la práctica basada en evidencia es que una recomendación científica no es una receta universal. Dos personas pueden tener el mismo diagnóstico y requerir estrategias diferentes.

Sus preferencias, cultura alimentaria, situación económica, disponibilidad de alimentos, horarios, conocimientos, habilidades culinarias, entorno familiar y posibilidades de adherencia pueden ser diferentes. La práctica profesional consiste precisamente en integrar estos elementos con la evidencia disponible.

Una revisión publicada en 2024 sobre las herramientas utilizadas para evaluar la práctica basada en evidencia entre dietistas encontró un desequilibrio importante: la mayoría de los instrumentos se concentraban en la integración de la investigación, mientras que la experiencia profesional y las circunstancias y valores de los pacientes estaban mucho menos representados. Esto es una llamada de atención: practicar con evidencia no significa practicar de manera impersonal (Soguel, 2024).

Del artículo científico a la decisión profesional

Existe además un reto conocido como la "brecha entre la evidencia y la práctica".

Que exista una investigación de buena calidad no garantiza que sus resultados lleguen a incorporarse a la práctica profesional.

Una revisión sistemática publicada en 2025 analizó específicamente la aplicación del marco Knowledge-to-Action para trasladar conocimientos de investigación a la práctica en nutrición y dietética. El trabajo destaca la necesidad de contar con estrategias que faciliten esa traducción del conocimiento científico a contextos profesionales reales (Kossinna, 2025).

Esto significa que el profesional necesita desarrollar no solamente competencias para leer evidencia, sino también para aplicarla.

¿Cómo puede incorporarse una recomendación a un programa de atención?

¿Qué barreras existen?

¿Qué recursos se necesitan?

¿Cómo se puede adaptar una intervención sin perder sus elementos esenciales?

¿Cómo se puede evaluar si realmente está funcionando?

Estas preguntas forman parte de la práctica basada en evidencia.

La investigación también forma parte de la práctica profesional

La relación entre investigación y práctica no debe ser unidireccional. Los profesionales de la nutrición que trabajan en hospitales, clínicas, comunidades, universidades, servicios de alimentación, industria o consulta privada generan constantemente preguntas que pueden contribuir a la investigación.

¿Por qué determinadas personas tienen dificultades para seguir una recomendación?

¿Qué estrategias educativas funcionan mejor en determinada población?

¿Cómo puede mejorarse la atención nutricional?

¿Qué barreras existen para implementar una intervención?

La práctica cotidiana puede convertirse en una fuente de preguntas de investigación y, a su vez, la investigación puede contribuir a mejorar la práctica.

Esta relación fortalece una profesión que aprende de manera continua.

Formar profesionales capaces de pensar críticamente

La práctica basada en evidencia no debería aparecer únicamente cuando el estudiante aprende a elaborar un trabajo de investigación o una tesis. Debe formar parte de la educación cotidiana.

Leer críticamente un artículo, discutir sus resultados, comparar investigaciones, analizar casos y cuestionar afirmaciones sobre nutrición son actividades que ayudan a desarrollar estas competencias.

También pueden ser útiles estrategias como los clubes de lectura científica, las discusiones de casos y el análisis crítico de investigaciones. La evidencia disponible en nutrición sugiere que estas estrategias pueden contribuir al desarrollo de competencias relacionadas con la práctica basada en evidencia.

El objetivo no es convertir a todos los nutriólogos en investigadores, sino formar profesionales capaces de pensar científicamente y tomar decisiones responsables.

En la práctica profesional

Antes de incorporar una recomendación científica a la práctica, el nutriólogo puede hacerse cinco preguntas:

1. ¿Qué pregunta intenta responder esta investigación?

2. ¿La metodología del estudio es adecuada para responderla?

3. ¿Qué tan sólidos y relevantes son sus resultados?

4. ¿La evidencia puede aplicarse a la persona o población con la que trabajo?

5. ¿Cómo puedo integrar estos resultados con mi experiencia profesional y las circunstancias de la persona?

Estas preguntas pueden convertirse en una herramienta sencilla para evitar dos extremos: aceptar cualquier información como verdadera o rechazar la evidencia porque no coincide con una experiencia personal.

La práctica basada en evidencia es mucho más que consultar artículos científicos. Es un proceso que requiere curiosidad, pensamiento crítico, capacidad de análisis y compromiso con la actualización profesional.

El nutriólogo necesita saber formular preguntas, buscar información, evaluar la calidad de la evidencia, interpretar sus resultados y determinar cómo puede aplicarse en un contexto determinado.

Pero también necesita escuchar a las personas, comprender sus circunstancias y utilizar su experiencia profesional para tomar decisiones individualizadas.

En una época en la que la información científica está más disponible que nunca, la competencia no consiste en saber más información, sino en saber qué hacer con ella.

La investigación proporciona conocimiento. La práctica profesional le da contexto. Y la integración de ambas permite construir una nutrición más responsable, crítica y centrada en las personas.

 

Referencias

Ghosh, N. R., Esmaeilinezhad, Z., Zając, J., Creasy, R. A., Lorenz, S. G., Klatt, K. C., Bala, M. M., Beathard, K. M., & Johnston, B. C. (2024). Evidence-based practice competencies among nutrition professionals and students: A systematic review. The Journal of Nutrition, 154(4), 1414–1427. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0022316623728344?via%3Dihub

Kossinna, C., Lau, C. L., Mayr, H. L., Wilkinson, S. A., Young, A. M., Meloncelli, N., Cameron, A., Rigby, R. R., & Hickman, I. J. (2025). Application of the Knowledge-to-Action framework in translating nutrition and dietetic knowledge into practice: A systematic review. Nutrition in Clinical Practice, 40(6), 1276–1300. https://aspenjournals.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/ncp.70016

Soguel, L., Lapointe, A., Burnand, B., & Desroches, S. (2024). Descriptive and content analysis of questionnaires used to assess evidence-based practice among dietitians: A systematic review. Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics, 124(1), 80–101. https://www.jandonline.org/article/S2212-2672(23)01515-0/fulltext

Steinberg, F. M. (2024). Advancing the use of evidence-based practice in nutrition and dietetics. The Journal of Nutrition, 154(4), 1065–1066. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0022316624001044?via%3Dihub