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Comunicar nutrición en la era de la desinformación: de la evidencia al mensaje

Nunca se habíamos tenido acceso a tanta información sobre alimentación y salud como en la actualidad. Con unos cuantos clics se puede encontrar recomendaciones sobre dietas, suplementos, pérdida de peso, alimentos "saludables" y estrategias para prevenir o tratar enfermedades.

Pero tener acceso a más información no significa necesariamente estar mejor informados.

Las redes sociales han transformado la manera en que las personas buscan, consumen y comparten información relacionada con la nutrición. Instagram, YouTube, TikTok y otras plataformas permiten que un mensaje llegue a miles o incluso millones de personas en poco tiempo. Esta posibilidad representa una gran oportunidad para la educación nutricional, pero también facilita la circulación de contenidos imprecisos, engañosos o carentes de evidencia.

Una revisión sistemática publicada en 2025 identificó 28 estudios sobre desinformación relacionada con dieta y nutrición en redes sociales. Instagram y YouTube fueron las plataformas más estudiadas, y entre los contenidos analizados destacaron las llamadas dietas milagro y afirmaciones no verificadas sobre los efectos de determinados alimentos (Segado-Fernández, 2025).

Ante este escenario, el nutriólogo tiene una responsabilidad que va más allá de proporcionar información correcta: debe aprender a comunicarla de manera que pueda ser comprendida, valorada y utilizada por las personas.

La información correcta no siempre es suficiente.

Uno de los grandes retos de la comunicación científica consiste en reconocer que las personas no toman decisiones únicamente a partir de datos.

La alimentación está relacionada con emociones, costumbres, cultura, economía, experiencias familiares, preferencias y creencias. Por ello, un mensaje técnicamente correcto puede no ser suficiente para generar comprensión o modificar una conducta.

En el entorno digital, además, los contenidos compiten por la atención del público. Los mensajes breves, llamativos y emocionalmente atractivos suelen tener mayores posibilidades de ser vistos y compartidos.

Esto genera un desafío para los profesionales de la nutrición: ¿cómo comunicar información científica sin convertirla en una simplificación que distorsione la evidencia?

La respuesta no consiste en abandonar el rigor científico, sino en aprender a traducirlo.

De la evidencia científica al lenguaje cotidiano

Comunicar ciencia no significa repetir en redes sociales lo que dice un artículo científico. Un artículo puede utilizar conceptos especializados, describir métodos estadísticos y presentar resultados que requieren conocimientos específicos para ser interpretados. La población general necesita otra forma de acercamiento.

El trabajo del comunicador en salud consiste en identificar la idea central, comprender sus alcances y limitaciones y transformarla en un mensaje que pueda ser entendido sin perder su significado.

Por ejemplo, decir:

"Este alimento acelera el metabolismo y ayuda a quemar grasa"

es un mensaje sencillo, pero puede resultar engañoso si la evidencia disponible no permite hacer una afirmación tan contundente.

En cambio:

"La evidencia disponible no permite afirmar que un alimento por sí solo acelere de manera significativa la pérdida de grasa"

puede parecer menos atractivo, pero comunica con mayor precisión lo que realmente se conoce.

La comunicación basada en evidencia requiere, por tanto, aprender a diferenciar entre lo que sabemos, lo que parece probable y lo que todavía no podemos afirmar.

El problema de las certezas absolutas

Uno de los rasgos frecuentes de la desinformación nutricional es la presentación de conclusiones absolutas.

"Este alimento es malo".

"Esta dieta desintoxica el organismo".

"Este suplemento cura".

"Los carbohidratos son la causa del aumento de peso".

"El azúcar alimenta el cáncer".

Este tipo de mensajes resulta atractivo porque ofrece respuestas sencillas a problemas complejos.

La ciencia, en cambio, suele trabajar con probabilidades, condiciones y niveles de evidencia. Las conclusiones pueden depender de la población estudiada, la cantidad consumida, la duración de una intervención, el contexto clínico y muchas otras variables.

Por eso, comunicar ciencia también implica explicar la incertidumbre sin generar desconfianza.

Decir "la evidencia actual sugiere..." no significa que la ciencia no tenga respuestas. Significa reconocer que el conocimiento científico se construye y se actualiza continuamente.

El nutriólogo como fuente confiable

Las redes sociales también representan una oportunidad extraordinaria para los profesionales de la nutrición.

Una revisión sistemática publicada en 2025 sobre el uso profesional de redes sociales por nutriólogos y dietistas encontró que estas plataformas se utilizan principalmente para compartir información nutricional basada en evidencia, ofrecer orientación, educar y fortalecer la presencia profesional. Al mismo tiempo, los autores identificaron necesidades relacionadas con capacitación en creación de contenidos, divulgación del conocimiento y comunicación digital ética  (Gamito, y otros, 2025).

Esto es especialmente relevante porque las personas no necesariamente distinguen entre un profesional de la salud, un creador de contenido, un influencer o alguien que simplemente comparte sus experiencias personales.

En este contexto, la presencia de profesionales de la nutrición en los espacios digitales puede contribuir a aumentar la disponibilidad de información confiable.

Pero estar presente no es suficiente.

El profesional debe preguntarse qué comunica, cómo lo comunica, con qué evidencia lo respalda y qué impacto puede tener su mensaje.

No todo contenido debe convertirse en una batalla

Frente a la desinformación, una reacción frecuente consiste en intentar corregir cada afirmación falsa que aparece en internet.

Sin embargo, responder a todo puede terminar amplificando contenidos que originalmente tenían un alcance limitado.

La comunicación responsable requiere seleccionar las situaciones en las que vale la pena intervenir y hacerlo de manera estratégica.

La Organización Mundial de la Salud ha desarrollado el concepto de gestión de la infodemia, que incluye escuchar las preocupaciones de las comunidades, promover la comprensión de la información científica, fortalecer la capacidad de las personas para reconocer información engañosa y favorecer su participación en decisiones saludables.

Esto plantea una perspectiva diferente: no se trata solamente de combatir información falsa, sino de construir comunidades más capaces de reconocer y evaluar la información que reciben.

Cinco principios para comunicar mejor nutrición

El nutriólogo que utiliza medios digitales puede considerar algunos principios básicos:

1. Comunicar lo que la evidencia permite afirmar

Evitar exageraciones y conclusiones que no están respaldadas por la literatura científica.

2. Explicar el contexto

Una investigación puede ofrecer resultados interesantes, pero eso no significa que sus conclusiones puedan aplicarse automáticamente a toda la población.

3. Reconocer la incertidumbre

La evidencia puede ser limitada, contradictoria o estar en proceso de construcción. Explicarlo también es comunicar ciencia.

4. Utilizar un lenguaje comprensible

El conocimiento pierde parte de su valor cuando se presenta de manera que la mayoría de las personas no puede entenderlo.

5. Mantener una comunicación ética

La búsqueda de seguidores, interacciones o alcance no debe estar por encima de la responsabilidad profesional.

La comunicación también es una competencia profesional

Durante mucho tiempo, la formación del nutriólogo estuvo centrada principalmente en el conocimiento científico y técnico. Estas competencias continúan siendo fundamentales, pero el entorno actual exige incorporar otras.

Saber comunicar es una de ellas.

Un profesional puede tener un amplio conocimiento científico y, sin embargo, tener dificultades para explicarlo a una persona que no posee formación en nutrición.

Por el contrario, un mensaje sencillo y bien construido puede ayudar a que una persona comprenda un concepto complejo y tome una decisión mejor informada.

Esto convierte a la comunicación científica en una competencia que debería fortalecerse desde la formación universitaria.

Los estudiantes de nutrición necesitan aprender no solo a buscar y evaluar evidencia, sino también a transformarla en mensajes útiles para diferentes públicos.

En la práctica profesional

Antes de publicar un contenido sobre nutrición, puede ser útil hacerse cinco preguntas:

¿La información está respaldada por evidencia?

¿Estoy presentando una conclusión más contundente de lo que realmente demuestra la investigación?

¿Una persona sin formación en nutrición podría entender mi mensaje?

¿Estoy proporcionando suficiente contexto para evitar una interpretación equivocada?

¿Estoy comunicando para educar o simplemente para generar interacción?

Estas preguntas pueden convertirse en una sencilla herramienta de autocontrol para quienes utilizan redes sociales como parte de su ejercicio profesional.

La desinformación nutricional representa un desafío creciente en un entorno donde cualquier persona puede producir y distribuir contenidos sobre alimentación y salud.

Frente a este escenario, los profesionales de la nutrición tienen una oportunidad extraordinaria: ocupar los espacios digitales con información confiable, clara y basada en evidencia.

Pero comunicar ciencia no significa únicamente compartir información correcta. Significa comprenderla, contextualizarla y traducirla a un lenguaje que permita a las personas utilizarla para tomar mejores decisiones.

La nutrición necesita profesionales capaces de investigar y evaluar evidencia, pero también de comunicarla con claridad, responsabilidad y sentido humano.

En una época en la que la información circula más rápido que nunca, comunicar bien también es una forma de promover la salud.

 

Referencias

Çeleğen, İ., & Sarıöz, A. (2026). Exposure to health misinformation on social media across key health domains: A systematic review and meta-analysis of survey-based studies. BMC Public Health, 26, 1529. https://www.who.int/news-room/questions-and-answers/item/disinformation-and-public-health

Diekman, C., Ryan, C. D., & Oliver, T. L. (2023). Misinformation and disinformation in food science and nutrition: Impact on practice. The Journal of Nutrition, 153(1), 3–9. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0022316622131020?via%3Dihub

Gamito, M., Rico Pereira, D., Delgado, M., Vicente, F., Silva, M. L., & Pereira, P. (2025). How do nutritionists/dietitians use social media to communicate with their public? Global perspectives on social media practices: A systematic review. Nutrients, 17(22), 3513. https://www.mdpi.com/2072-6643/17/22/3513

Segado-Fernández, S., Jiménez-Gómez, B., Jiménez-Hidalgo, P. J., Lozano-Estevan, M. del C., & Herrera-Peco, I. (2025). Disinformation about diet and nutrition on social networks: A review of the literature. Nutrición Hospitalaria, 42(2), 366–375. https://www.nutricionhospitalaria.org/articles/05533/show

World Health Organization. (2024). Disinformation and public health. World Health Organization. https://www.who.int/news-room/questions-and-answers/item/disinformation-and-public-health