Cada 12 de agosto se conmemora el Día Internacional de la Juventud, una fecha promovida por las Naciones Unidas para reconocer el papel de las personas jóvenes en el desarrollo de las sociedades y reflexionar sobre los desafíos que enfrentan. Desde la perspectiva de la nutrición, esta etapa de la vida representa una oportunidad única para establecer hábitos que influirán en la salud presente y futura.
La juventud comprende un periodo de importantes cambios biológicos, psicológicos y sociales. Es también una etapa en la que aumenta la autonomía para tomar decisiones relacionadas con la alimentación, la actividad física, el descanso y otros estilos de vida. Estas decisiones pueden convertirse en factores protectores de la salud o, por el contrario, incrementar el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas no transmisibles en etapas posteriores de la vida.
Los profesionales de la nutrición desempeñan un papel estratégico en la promoción de hábitos saludables durante esta etapa, no solo mediante la atención individual, sino también a través de intervenciones educativas, comunitarias y digitales que favorezcan la adopción de estilos de vida sostenibles.
La juventud: una ventana de oportunidad para la prevención
Diversos organismos internacionales coinciden en que muchas de las enfermedades que actualmente representan las principales causas de morbimortalidad tienen su origen en hábitos adquiridos desde edades tempranas.
La Organización Mundial de la Salud señala que una alimentación poco saludable, el sedentarismo, el consumo de tabaco, el uso nocivo del alcohol y el sueño insuficiente son factores modificables que pueden prevenirse mediante estrategias oportunas de promoción de la salud.
Durante la juventud suelen consolidarse patrones de alimentación que posteriormente se mantienen durante la vida adulta. El incremento en el consumo de alimentos preparados fuera del hogar, bebidas azucaradas y alimentos procesados con alta densidad energética, así como la disminución en el consumo de frutas, verduras, leguminosas y agua simple, constituyen algunos de los principales retos observados tanto en México como en numerosos países.
La ENSANUT Continua ha documentado que una proporción importante de adolescentes y adultos jóvenes presenta exceso de peso, situación que incrementa el riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular y otras alteraciones metabólicas a edades cada vez más tempranas.
Alimentación y bienestar integral
La nutrición durante la juventud trasciende el objetivo de mantener un peso corporal adecuado. Existe evidencia creciente que demuestra la relación entre la calidad de la alimentación y diversos aspectos del bienestar físico, emocional y cognitivo.
Una dieta equilibrada favorece el rendimiento académico, la concentración, la memoria, el estado de ánimo y la capacidad para afrontar situaciones de estrés. Asimismo, un adecuado aporte de hierro, vitaminas del complejo B, ácidos grasos esenciales, proteínas de alta calidad y otros nutrimentos resulta indispensable para mantener un funcionamiento óptimo del sistema nervioso.
Por otra parte, el estilo de vida característico de muchos jóvenes puede propiciar horarios irregulares de alimentación, omisión del desayuno, consumo frecuente de comida rápida y escasa planificación de los tiempos de comida. Estas conductas, cuando se mantienen durante largos periodos, pueden afectar tanto la salud metabólica como la calidad de vida.
En este contexto, el trabajo del nutriólogo debe orientarse a construir hábitos realistas y sostenibles, evitando enfoques restrictivos que difícilmente pueden mantenerse en el tiempo.
El impacto de las redes sociales en las decisiones alimentarias
Uno de los fenómenos más relevantes de los últimos años es la creciente influencia de las redes sociales sobre las decisiones relacionadas con la alimentación.
Miles de jóvenes obtienen información nutricional a través de plataformas digitales donde conviven contenidos científicos con recomendaciones sin fundamento, publicidad de productos, dietas de moda y mensajes promovidos por personas sin formación profesional en nutrición.
Esta sobreabundancia de información hace indispensable fortalecer la alfabetización en salud, entendida como la capacidad para acceder, comprender, evaluar y utilizar información confiable para tomar decisiones relacionadas con la salud.
El profesional de la nutrición tiene hoy la responsabilidad de participar activamente en los medios digitales, comunicando información basada en evidencia científica mediante un lenguaje claro, accesible y éticamente responsable. La presencia de nutriólogos en redes sociales representa una oportunidad para contrarrestar la desinformación y promover decisiones alimentarias informadas.
Actividad física, descanso y salud mental: componentes inseparables
Los hábitos saludables no dependen exclusivamente de la alimentación. La evidencia científica respalda un enfoque integral que incluya actividad física regular, descanso adecuado y cuidado de la salud mental.
La OMS recomienda que los jóvenes realicen actividad física de manera habitual y limiten el tiempo sedentario, especialmente el asociado al uso prolongado de pantallas. De igual manera, dormir entre siete y nueve horas por noche favorece los procesos cognitivos, el equilibrio hormonal, el metabolismo energético y la regulación del apetito.
La alimentación también mantiene una relación bidireccional con la salud mental. Aunque esta interacción continúa siendo objeto de investigación, diversos estudios sugieren que los patrones alimentarios saludables pueden contribuir al bienestar psicológico como parte de un abordaje integral.
Por ello, el trabajo interdisciplinario entre nutriólogos, psicólogos, médicos, educadores y otros profesionales resulta cada vez más relevante para la atención de las necesidades de la población joven.
Educación nutricional para formar ciudadanos saludables
La promoción de hábitos saludables durante la juventud requiere estrategias que vayan más allá de la consulta individual.
Las universidades, escuelas, comunidades y organizaciones profesionales desempeñan un papel fundamental en la generación de entornos que favorezcan decisiones alimentarias saludables. Las intervenciones educativas deben considerar las características culturales, sociales y económicas de cada población, así como aprovechar las herramientas digitales que forman parte de la vida cotidiana de las nuevas generaciones.
En este sentido, la formación de los futuros nutriólogos también debe fortalecer competencias relacionadas con la comunicación científica, el pensamiento crítico, la educación para la salud y el uso responsable de las tecnologías digitales.
La AMMFEN ha impulsado un modelo educativo orientado al desarrollo integral del profesional de la nutrición, promoviendo competencias que permitan responder a los desafíos actuales de la salud pública y contribuir al bienestar de la población.
El Día Internacional de la Juventud constituye una oportunidad para recordar que muchas de las decisiones que determinan la salud del futuro comienzan a construirse durante esta etapa de la vida.
Promover una alimentación saludable, fomentar la actividad física, fortalecer la alfabetización en salud y desarrollar pensamiento crítico frente a la información disponible en medios digitales son acciones que pueden generar beneficios a largo plazo tanto para las personas como para la sociedad.
Los nutriólogos, como profesionales de la salud, tienen la responsabilidad de acompañar a las nuevas generaciones en este proceso, ofreciendo información basada en evidencia científica, estrategias educativas innovadoras y una atención centrada en la persona. Invertir en la salud de los jóvenes significa también invertir en el futuro de las comunidades.
Para quienes deseen profundizar en este tema, se recomienda consultar las guías de la Organización Mundial de la Salud sobre alimentación saludable y actividad física, los resultados de la ENSANUT Continua y los artículos recientes publicados en revistas como The Lancet, The American Journal of Clinical Nutrition y Nutrients.
Referencias
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